¿Qué pensar cuando no hay salida?; podemos estar enfrascados en un "falso bienestar", un puñado de monotonía que visto desde cierta perspectiva se pareciera con amabilidad y gusto. ¿En verdad vivimos cómo queremos? ¿o será que sólo vivimos lo que nos queda por vivir? Si la puerta que queríamos se cierra, es necesario buscar otra, aunque no sea precisamente la que habríamos deseado. Sólo es un modo de ver la vida, buscando salidas opcionales, satisfaciéndonos con lo poco que podemos conseguir siguiendo las pautas que la vida nos ha otorgado. ¿Pero qué pasa cuando nos atrevemos a forzar aquella puerta que no se ha querido abrir? ¿Seremos insolentes o audaces?, ¿o acaso el conjunto de los dos conceptos ya mencionados? ¿Se puede ser un insolente audaz?, ¿audazmente insolente?.

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